Filipinas #ACTIVO. Diciembre 2019

Como ya sabéis, fin de año es época de recuentos, balances y listas de promesas. Ahora que hemos vuelto de Filipinas, vamos a hacer un recorrido por los momentos destacados del viaje.

Grupo en Banaue
Arrozales en Banaue

Arrozales y paisajes bucólicos

Tras unas cuantas horas en aviones y furgonetas por carreteras sinuosas llegamos a Banaue. Un pueblito en mitad de la montaña que nos sirvió de base para recorrer los arrozales con sus aldeas, gentes, miradores y aguas termales.

Los primeros días, una nube se instaló con nosotros en la zona y, además de la constante y entibiada lluvia, nos ofertó unas imágenes preciosas de paisajes increíbles para guardar en nuestra retina y nuestras cámaras fotográficas.

Cuando el tiempo se detiene y la velocidad de crucero baja, se favorecen conversaciones como las que mantuvimos sentados tras una taza de café o té, juegos de mesa que generaron confidencias que nos animaron todo el viaje y explicaciones de cómo limpiar y preparar el arroz que será algo que no olvidaremos en la vida.

Cuevas y superación de miedos I

Buscando nuevos retos cruzamos las montañas para llegar a Sagada donde, además de las puestas de sol con olor a humo, las casas de madera con colchones en el suelo y las cafeterías de café salvaje, nos encontramos una boda a la que fuimos invitados: comimos, bailamos y cantamos embriagados por la hospitalidad del lugar y el amor de los recién casados.

Durante tres días, además, visitamos valles animistas con ataúdes colgados y cataratas donde hacernos fotos que nos proporcionaron diversión y muchos ‘me gusta’ en las redes sociales –el mundo ha cambiado, no se puede negar-. Sin embargo, el momento más destacado de la jornada fue la incursión por las cuevas de la zona. Trepamos, nos descolgamos por cuerdas, nos metimos por agujeros estrechos y superamos miedos a marchas forzadas, todo ello ataviados con escarpines –el que aun los tenía-, frontales y mucha ilusión por crecer como persona y superar miedos. Todos coincidimos en que tal vez fuera una de las mejores actividades que hemos hecho nunca.

Buceo, superación de miedos II y atardeceres para parar el mundo

Tras otras cuantas horas en la carretera, un nuevo salto en avión y mucha paciencia, llegamos a Coron, una isla extremadamente hermosa donde más de la mitad del grupo se atrevió con el buceo por primera vez. Hubo mucho que contar: ataques de pánico que se controlaron, carcajadas a veinte metros de profundidad, barcos hundidos en la segunda guerra mundial, escenas de superación personal, tortugas que venían a saludar… y todo aderezado con sol, risas, emociones y descubrimiento de una actividad que deviene en pasión y que volverá a estar presente en próximos viajes.

Además de descender a las profundidades también ascendimos al mirador de Coron donde disfrutamos de una puesta de sol de esas que te sacan la inercia de la rutina, te sacuden la conciencia y te hacen respirar despacio y profundo, mostrándote otros matices de la vida que tal vez no habías considerado pero que, definitivamente, merecen la pena.

Viajes en grupo

Después de Coron llegó El Nido, donde también hubo paseos por el mar, playas, puestas de sol y mucha diversión.

Es esos momentos finales del viaje cuando reconoces a las personas del grupo como una especie de familia con la que has compartido tanto y tan bonito que no recuerdas cuando eran desconocidos que te encontraste en el aeropuerto hace… ¿de verdad fue solo hace quince días?, ¡si parecen meses!

Es al final, casi al final, cuando descubres en los abrazos y las sonrisas que has vivido todos los aprendizajes, historias, apoyos, miedos y conversaciones compartidas que han aparecido y que se han quedado desperdigados por tu memoria.

Es al final, cuando llegas a casa después de un viaje como este, cuando te emocionas recordando todo lo vivido y piensas que hubiera sido difícil hacerlo mejor, pasarlo mejor, disfrutarlo mejor.

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