Tecnología, teoría del péndulo y licor de arándanos en Eslovenia

¿Sabes porqué alguien que de joven era introvertido se convierte de mayor en el alma de la fiesta?, ¿y cuál es la bebida favorita tras las comidas en Eslovenia? Déjame que te cuente.

Licor de Arándanos. Eslovenia
Licor de Arándanos. Eslovenia

El otro día me enteré de que los padres que trabajan en tecnología en el Valle del Silicio en California llevan a sus hijos a colegios donde no se usan tabletas ni teléfonos para dar clase. Y, de hecho, están prohibidos en toda la escuela.

Ya sabéis que, en el 2018, Macrón, en Francia, también prohibió todo dispositivo electrónico en los colegios con niños menores de 15 años.

Además, muchos padres están limitando las horas que pasan sus hijos usando tecnología y tratando de incentivar a la lectura -en papel-, al juego al aire libre y a la actividad física o el deporte.

Decía Adam Alter que no tenía sentido introducir asignaturas de tecnología en los colegios, ya que los teléfonos y tabletas están diseñados de modo que se aprenda a usarlos en menos de una hora y que lo que nos ofrecen es mucho menos que lo que nos quitan: atención en el momento presente, estímulos desmedidos, relación social de baja calidad…

Lo curioso es que hace tan solo una década, todos estábamos locos por enseñar a usar la tecnología a nuestros hijos y nuestros mayores.

Bueno, y a nosotros mismos, que muchos éramos unos incompetentes técnicos.

Este fenómeno se llama Teoría o Ley del Péndulo, en psicología.

Básicamente explica que, en nuestro camino hacia el equilibrio, tenemos que explorar los extremos de la situación.

“La virtud está en el término medio” que decía Santo Tomás. Y bueno, seguro que alguno más lo ha dicho.

En una época en que la sociedad está tan polarizada, hablar del término medio es casi una utopía. En actividad física tenemos el ‘No pain, no gain’. Otra manera de irse a un extremo lesivo y, en realidad, poco eficiente.

Y en alimentación, durante el siglo pasado, nos movimos hacia los productos refinados: pan ‘blanquito’, cereales sin cáscara, cerveza industrial que sabe igual aquí que en la otra parte del planeta…

Sin embargo, existe una corriente cada vez más extendida de volver a lo artesanal (y no me refiero solo a los panes y bizcochos que nos horneamos en el confinamiento). En los últimos años ha habido una explosión de cervezas artesanales, por ejemplo. O de productos realizados con mimo, con cariño, despacio y a mano.

Hay sociedades que necesitan volver a conectar con lo natural, con la tierra que habitan y con las personas que lo pueblan. Y tienen que hacer un esfuerzo muy grande. Alguno acabará escribiendo a máquina de nuevo, llevando monóculo o usando neveras que enfríen con barras de hielo. Ya veréis.

Teoría del péndulo, en el extremo contrario.

Sin embargo, hay países que conservan esa cercanía a sus raíces.

Montaña Eslovenia
Montaña en Eslovenia

Eslovenia es uno de ellos.

Tal vez por sus escasos treinta años de existencia o porque la cultura Balcánica ha vivido violentos sobresaltos históricos y, por eso, se centra más en la emoción, el disfrute, la vitalidad y la belleza.

En Eslovenia es habitual que las familias se sigan reuniendo completas -no sé cómo lo estarán haciendo ahora- y que muchas de ellas compartan productos como queso, vino, cerveza o licores hechos por ellos mismos.

En nuestro viaje #ACTIVO a Eslovenia de Semana Santa, visitamos Nova Gorica, una zona vinícola pegada a la frontera italiana y, por supuesto, probaremos el Borovničke, que es un licor a base de arándanos, especialmente dulce y que no dejará a nadie indiferente.

También dejaremos que nos agasajen con queso y productos regionales. Volviendo a disfrutar de los alimentos procesados con cariño y cuidado. Y saboreando todo el amor que esLOVEnia tiene para ofrecer.

Es un viaje que nos conectará con sentimientos y emociones que hemos dejado relegado en los últimos años. Un viaje para disfrutar y encontrar pistas que nos ayuden a resolver algunas de nuestras dudas más esenciales.

¿te interesa?

#tevienes

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